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La iglesia de San Mateo



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Era un día caluroso, después de las 6 de la tarde, el sol no se decidía ir a dormir así que se quedaba en un lugar hasta que la luna venía a ocupar su lugar. La iglesia de San Mateo lucía sus vitrales justo en el atardecer, era una iglesia relativamente pequeña pero la arquitectura era hermosa, tenía detalles en sus puertas, los arcos, techos y otros lugares de los que no todos sabemos sus nombres

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La iglesia de San Mateo era conocida por sus grandes vitrales y su padre estaba orgulloso de ellos, era casi como si él los hubiera hecho con sus propias manos o en su defecto como si él hubiera visto todo el proceso de su creación hasta estar postrado en las ventanas.

El nombre del Padre también era Mateo y lo habían nombrado justo por esa iglesia, su madre había sido católica toda su vida y justo antes de dar a luz fue a encomendarse a Dios quien le permitió ver a su niño nacer, el nombre del padre era un tributo a su fe y la ayuda divina que había recibido ese día.

El padre Mateo tenía 40 años, era calvo, ojos claros y de estatura promedio, era obvio que amaba su trabajo no le importaba tener que quedarse unas horas después para poder escuchar a la gente en el confesionario y que pudieran estar tranquilos. Eran pequeñas alegrías que le hacían seguir.

Mateo salió de la iglesia un poco más tarde de lo habitual, cerró todos los candados, verificó que todo estuviera en su lugar, se despidió del lugar con una oración y se fue caminando. Era un pueblo muy tranquilo y seguro, las distancias se acortaban con bicicleta o a pie, no había prisa la vida igual iba a pasar.

Todos tenían pequeñas casitas, muy parecidas a las que vemos dibujadas en los cuentos para niños, lo suficientemente discretas pero cómodas para cualquiera que viviera allí. Llegó a la calle Cerezo donde se localizaba su domicilio, ahí solo habitaba una familia y él, las demás casas estaban vacías ya sea porque los únicos dueños murieron o las dejaban como casa de campo.

Mateo metió la mano en su mochila y sacó las llaves, abrió la puerta, cerró.  Fue a su recámara a ponerse la pijama cuando en su espejo vio el reflejo de una luz muy intensa que apenas duró cerca de 3 segundos.  El señor Mateo se asustó, una parte de él quería creer que no había sido más que la luna pero otra sabía que no se podía engañar otro segundo, simplemente ya no era convincente.

Se sentó un momento y se dio cuenta que cuando recibió su capacitación, el departamento de capacitación de personal no le enseñaron nada de esta situación, era totalmente nueva y no tenía idea de que hacer.

Respiró, le daba miedo voltear por miedo a lo que podría ver pero sentía un poderoso compromiso con su comunidad de ir a buscar la verdad, no era posible que eso pasara en sus narices y no hiciera nada al respecto.

Tomó su escoba y salió a la casa de al lado de donde había venido el resplandor, ignoraba si era peligroso pero si iba a morir que fuera haciendo algo, se asomó de puntillas con la escoba en sus manos, sus ojos no podían dar crédito a lo que veían.

Era demasiada luz pero entre toda la intensidad lograba dislumbrar unas alas gigantes y hermosas, algo dentro de él le dijo que no le harían daño pero tampoco se atrevía a acercarse. Volvió a asomarse y la luz seguía siendo intensa, no podía pelear contra ello. ¿Qué acaso eran… ángeles?

Si quieres conocer más: WOBI, YouTube, México Desconocido